Las cactáreas componen una familia muy numerosa y, de
hecho, existen más de 2000 especies distintas. A pesar de lo que se
supone a menudo, no son en absoluto plantas exclusivas de los desiertos.
Incluso, en las tierras altas de Canadá y en las Montañas Rocosas
invernan bajo metros de nieve.
La
mayoría de estas espinosas plantas son amantes del sol y soportan
temperaturas elevadísimas en los ventanales que dan al sur. Con
frecuencia, la fiebre de los coleccionistas de esta especie les hace cultivar
en una misma jardinera las especies más incompatibles.
Si no
se conoce bien el tipo de tierra que necesita una especie en concreto, como
medida de precaución se deberán regar exclusivamente con agua de
lluvia o con agua hervida.
También
deberemos prestar atención a la tierra de sus raíces, ya que
nunca debe secarse del todo. Ningún cactus soporta un exceso de agua,
aunque tampoco debe secarse la tierra en sus periodos de crecimiento y
floración durante un plazo prolongado. Es preferible clavar un palito en
la maceta y sacarlo de vez en cuando, para comprobar si su extremo inferior
está húmedo o no.
Podemos
encontrar tierra para estas especies en la mayoría de las tiendas. Al
trasplantarlas, es recomendable que conservemos la tierra que tenían en
su primera maceta.
Los
cactus pueden soportar prolongados periodos de sequía, pero no les gusta
pasar hambre. En su época de desarrollo y florecimiento hay que emplear
abonos de cactus y hacerlo con largueza.
Los
cactus no florecen cuando han pasado un invierno demasiado caluroso.
Después de su periodo de desarrollo y florecimiento, necesitan tomarse
un descanso, pasar sed y estar en un sitio fresco. Las personas que hacen
invernar a sus cactus en invernaderos fríos, sólo tendrán
que preocuparse de que las temperaturas rayen apenas los cero grados.
Los
parásitos más fastidiosos que suele padecer estas plantas son el
pulgón lanígero, la cochinilla y el pulgón pringoso. Se
les combate ya sea con algún preparado recomendado por un especialista.
Fuente:
http://www.tusplantas.com/